"El corazón humano siente cosas que los ojos no pueden ver, y sabe cosas que la mente no puede comprender"
Robert Valett
"Si has conocido a alguien que te ha cambiado para siempre
Si amas a alguien tanto que crees que no estabas vivo antes de conocerle
Si has conocido a alguien que te ha hecho despertar a la increíble belleza de la existencia
Si has conocido a alguien que es más tú de lo que incluso tú eres
Si echas de menos tanto a alguien que no puedes ni siquiera concebir existir sin él/ella
Si has perdido a alguien y te sientes como si tu alma se hubiera marchado con esa persona, entonces sigue leyendo..."
Steven Gunn
"Bonito día soleado en el Rastro. ¡Cuánto tiempo sin venir aquí...! ¿Quién es ése hombre sonriente? ¿Lo conozco? Pues está muy contento. Me está mirando, ¿qué querrá? Yo creo que me está diciendo telepáticamente que he de ir con él al Rastro. Me está pidiendo que vaya para allá. "Te estoy esperando aquí", siento que me dice", soñaba Thais.
Thais se despertó mucho más temprano que de costumbre, con un único pensamiento: "Hoy tengo que ir al Rastro". Este sueño, insistente en que tenía que ir a ese mercadillo, la había levantado de la cama muy pronto.
Thais era una muchacha de 27 años, madre de dos hijos y en paro, que había pasado de estudiante a ama de casa de la noche a la mañana. no había tenido tiempo de divertirse y ni siquiera de conseguir un buen trabajo. La vida se le había echado encima y había tenido que abandonarse a la monotonía de la vida doméstica con sólo 22 años.
Pero no sabía que ese domingo iba a ocurrir algo que iba a hacer estallar en pedazos la tristeza, la rutina, y la depresión en la que estaba sumida últimamente su alma.
El mágico sueño que la instaba a ir a un sitio que ella conocía pero al que no había ido apenas cuando vivía cerca de él, y ahora que se había mudado a la otra punta de la ciudad menos todavía, debía ser obedecido porque el mensaje del misterioso hombre sonriente no podía ser más claro: "Quiero que vengas aquí conmigo".
Ella tenía una idea más o menos segura (porque en los sueños muy a menudo no se sabe a ciencia cierta quiénes son las personas que aparecen) de que ese hombre que se le aparecía en su sueño pidiéndole que fuera al mercadillo era un amigo suyo que conoció en este mismo lugar hace ya dos años. Por ello Thais supuso que lo que ese sueño le mostraba era simplemente que ese amigo quería volver a verla. Pero esto es sólo la conclusión a la que llegó su mente...
Se puso a preparar diligentemente el desayuno y la comida antes de que se levantaran los niños, cuanto antes tuviera todo hecho, antes podría partir para el lugar señalado.
Era extraño cómo ese día se había levantado espontáneamente tan pronto, cuando normalmente nunca conseguía hacerlo. Parecía como si el sueño la hubiera despertado en el momento preciso, ni muy tarde ni muy temprano, para que tuviera todo el tiempo necesario para arreglarse, preparar la comida a los niños y viajar en autobús hasta el barrio donde se encontraba el mercadillo al que, según su sueño, debía ir ese día. Aun así le inquietaba la posibilidad de que no le diera tiempo a llegar antes de que se cerrara el mercadillo, a las dos y media de la tarde.
A las doce les dio la comida a los niños, los dejó a cargo de su padre y salió lo más pronto que pudo de la casa. Dentro del autobús, pensó en cuántas ganas tenía ella también de ver a su amigo. Lo echaba un poco de menos, pero se había enterado de que él había tenido un hijo recientemente, por lo que su vida habría cambiado mucho.
Llegó al mercadillo sobre la una y media, y echó a andar hacia la zona donde su amigo solía ponerse a vender. Había mucha gente, pero no demasiada como otras veces, pues era el mes de agosto y muchos preferían ir a la playa. Caminó por la calle donde su amigo se solía instalar arriba y abajo varias veces y no vio ni "rastro" de él. En esa calle se vendía casi de todo. La mayoría de las cosas eran de mala calidad: cuadros y adornos antiguos, bolsos horribles, libros y películas viejos, pero también herramientas, especias, frutos secos y "discos piratas". A Thais nunca le había interesado comprar nada de ese mercadillo. La ropa le gustaba, pero los tejidos no eran de calidad y no valía la pena. Ya había examinado esa zona y las adyacentes y su querido amigo no estaba allí ese día. "Probablemente después de nacer su hijo ya no venga mucho por aquí". Pero en ese momento, cuando ya no le quedaba otra cosa que hacer sino marcharse, vio a alguien que le llamó la atención. Un joven de color, alto, con gafas de sol, muy apuesto y con una bonita camiseta blanca con rayas azules miraba con atención un puesto con variados cachivaches junto con su amigo. En dos segundos que se quitó las gafas de sol
Thais pudo ver sus ojos, rasgados y atractivos, y en ese momento supo que debía conocerlo. No había visto durante todo el tiempo que había vivido en esa ciudad, unos cuatro años, un hombre tan interesante y elegante como él. Desprendía un aura de belleza, elegancia, sabiduría y tranquilidad, y además era extremadamente guapo y atractivo. Thais era ante todo una persona práctica, resuelta y decidida, y no iba a dejar pasar esta oportunidad de conocer a un hombre tan interesante. "No voy a perder nada por hablar con él, y no me cuesta nada intentarlo", se dijo a sí misma.
El joven tenía la apariencia de una estrella de cine o de un cantante, el glamour de su persona saltaba a la vista desde lejos. Thais planeó ir tras él cuando echara a andar, ya que así sería menos embarazoso acercarse a él. Pero el muchacho estaba todavía parado examinando los objetos del puesto. Thais caminó en dirección a donde él se encontraba, pero lo pasó de largo y se dirigió a un puesto donde vendían bolsos "2 a 1€". Para hacer tiempo, fingió que le interesaban los bolsos del montón, en torno al cual se arremolinaban cada vez más mujeres, atraídas por la tremenda oferta. Había bolsos de plástico de colores bonitos, azul pastel, naranja, rosa..., pero la calidad y el diseño no eran muy aceptables. Examinando los bolsos y, de vez en cuando, mirando de reojo hacia el puesto donde estaba detenido su chico misterioso, Thais se mantenía vigilante de que éste no se escapara y se perdiera entre la multitud, desapareciendo para siempre de su vista. Pero eso no iba a ocurrir, porque él parecía no tener nada de prisa. Ahí seguía, hasta que por fin Thais le vio moverse. La muchacha se dispuso a seguirle, pero vaya sorpresa que él sólo caminó unos pocos pasos para detenerse en el puesto que había enfrente. Thais siguió andando, y vio que conseguir lo que quería no iba a ser fácil, y si quería algo tendría que echarle valor, y acercarse a él directamente.
No podía seguir dando vueltas para allá y para acá sin fin porque él no iba a echar a andar, se le veía muy interesado buscando algo. Así que Thais, viendo que era la única posibilidad que le quedaba, se propuso acercarse a él. Llegó a donde él estaba parado observando. Era un pequeño puesto donde se vendían cargadores de móviles y herramientas. Como no es lógico que a una mujer le interese mirar las herramientas, Thais se puso a observar los cargadores de móviles, fingiendo que buscaba uno, incluso tenía preparada una pregunta a la vendedora, para que quedara más justificada y disimulada su presencia allí. Era mujer, y, como tal, no le gustaba dar el primer paso en conocer a un hombre, y también lo suyo era eso, que los hombres dieran el primer paso. Así, estaba allí actuando como si fuera una clienta más, aunque los únicos clientes que había allí en ese momento eran ella, el chico misterioso y su amigo. El amigo del chico se encontraba entre Thais y el chico, con lo cual Thais estaba más tranquila para poder seguir con su actuación.
Pero cuál fue su sorpresa cuando, no llevando más de tres minutos en ese sitio, el guapo y fabuloso chico, sin saber ella cómo, se había percatado de su presencia y no sólo eso, se había acercado a ella por detrás. Thais se giró, con una sonrisa boba en la cara, sin saber qué decir. Pero el muchacho tampoco decía nada, permanecía inmóvil, mirándola fijamente. Cualquiera diría que no sabía hablar. Thais pensó que podría ser que él fuera muy tímido para empezar a hablar y se lanzó ella a romper el hielo. Le saludó y le preguntó de dónde era. "Yo soy de Mali", contestó el chico, y a partir de ese momento ya no le costó más hablar y empezó a conversar con ella abiertamente. Thais lo escuchaba y se dio cuenta lo abierto y simpático que era, además de guapo, y ya no tuvo ninguna duda de que era especial. Empezaron a caminar el uno junto al otro, conversando, mientras que la chispeante luz del sol de ese precioso día les hacía brillar como dos estrellas doradas cuya luz se hace más fuerte al unirse. Podían pensar que era sólo la luz del sol intensa de ese día, lo que hacía parecer todo tan irreal, tan luminoso y tan especial, pero no era sólo eso, la energía tan intensa que generaban cuando estaban juntos fluía entre ellos y les ofrecía un bienestar espiritual que no habían experimentado nunca antes en su vida terrena. La piel de bronceado dorado y brillante de Thais y su sonrisa, que no podía desaparecer de sus labios, hechizaban al muchacho, que no podía creer lo que había encontrado. Una muchacha tan bella, tan simpática y tan diferente a las demás, que sentía lo mismo que él en ese momento y que le decía que no podía creer lo que estaba pasando.
Thais sintió que ya no estaba en el mundo real. "Esto es un sueño, no puede ser real". No podía ser la realidad porque en la vida real ordinaria no ocurren cosas tan perfectas, un amor tan puro sólo lo había experimentado en sus sueños alguna que otra vez, pero encontrarlo aquí, en la calle, debía de estar soñando... "No puede ser, no me lo creo que esté junto a un hombre tan perfecto y encima que siente lo mismo por mí que yo siento por él", pensaba. El mundo alrededor de ellos se disolvió. Thais se sentía como si hubiera entrado en otra dimensión de la mano de él, como si hubiera muerto y hubiera regresado a su verdadero hogar, a donde pertenecía, con él.

2 comentarios
Es real?
Me gusto tantoo
q me hizo llorar :)
gracias
Te aseguro que esta historia es 100 % real ningún detalle es producto de mi imaginación. Aunque sea difícil de creer los milagros ocurren y la magia puede entrar en tu vida si la dejas entrar y tienes fe.
Escribe un comentario